La Garrotxa es uno de esos lugares que se viven como si fuerais de aquí. Con siete días por delante, el viaje se transforma en experiencia: alojamientos con encanto y masías centenarias donde la leña ya os espera en la chimenea. En la mesa, tostadas crujientes con mermelada casera y una infusión de hierbas medicinales llenan el ambiente de aromas reconfortantes. El habla auténtica y arraigada de sus habitantes, los sabores que cuentan historias, la cultura viva, las fiestas, el paisaje y el patrimonio confluyen para ofreceros una estancia que se saborea lentamente.
Empezad vuestro viaje por la Garrotxa pedaleando suavemente por la vía verde del Carrilet, entre campos, masías y bosques, hasta el Parc de Pedra Tosca, en Les Preses. Este espacio singular es una muestra viva de cómo la naturaleza volcánica y la mano del hombre pueden convivir en equilibrio. Entre muros de piedra seca y bancales de cultivo, descubriréis un paisaje modelado con paciencia y respeto, que hoy dialoga con la arquitectura contemporánea de RCR Arquitectes.
Desde aquí, continuad la ruta hacia la Vall d’en Bas, uno de los valles más fértiles y sorprendentes de Cataluña. Realizad una visita guiada a un productor local o entrad en un horno de pan tradicional y descubrid cómo se cultivan y elaboran productos de proximidad con criterios de sostenibilidad y un profundo arraigo al territorio.
Al ritmo de la bicicleta, seguid descubriendo algunos de sus siete pueblos con encanto, donde encontraréis una oferta gastronómica variada para hacer una pausa bien merecida, y visitad el Centro de Cultura y Naturaleza Can Trona.
Terminad en una cooperativa agraria, donde encontraréis una gran variedad de productos elaborados por los agricultores y ganaderos del valle y podréis comprobar que los sabores son tan auténticos como el paisaje que os rodea.
Empezad el día subiendo suavemente hasta la cima del volcán del Montsacopa, en el corazón de la ciudad. Desde allí, las vistas se extienden por buena parte de la comarca. No puede faltar una inmersión completa en el mundo volcánico en el Espai Cràter, donde descubriréis el origen de los volcanes de la ciudad de Olot y de la Garrotxa.
Pasead por el paseo de Blay hasta la Plaça Mercat de Olot, un mercado municipal donde un estallido de productos locales habla del territorio: quesos de pastor, pan de masa madre, embutidos con carácter…
Y en pleno centro encontraréis un buen lugar para tomar un vermut, como hacen los olotenses, mientras escucháis el habla viva de la ciudad. Y si antes de comer os atrae el verde, dejaos llevar por los parajes sombríos y frescos de la Moixina.
La cultura os espera en el Museo de la Garrotxa, con la obra de Joaquim Vayreda y su mirada sobre los paisajes que os rodean. Muy cerca, en la basílica de Sant Esteve, una obra de El Greco os sorprenderá y emocionará. Es un tesoro discreto que por sí solo justifica la visita. La tarde es ideal para pasear por el casco antiguo, entrar en los comercios de proximidad, probar una coca de llardons y descubrir, como en un juego, cada detalle de las fachadas modernistas de la casa Solà Morales, la casa Gaietà-Vila, la casa Gassiot o la casa Pujador. Son auténticos libros de piedra y hierro que aún hoy nos hablan de una ciudad creativa y valiente, capaz de transformar el arte en vida cotidiana.
Dedicad este día también a la cultura popular. En el Museo de los Santos podréis poneros en la piel de un artesano mientras observáis a los artistas modelando, puliendo, pintando y decorando figuras religiosas. No olvidéis pasar por la Oficina de Turismo de Olot, donde quizá encontréis un recuerdo artesanal para llevaros a casa un pedacito de esta tierra.
Y para terminar, una cena en un restaurante familiar, donde la comida se cocina con memoria y las conversaciones se alargan con un chupito de ratafía. Saldréis de Olot con una sonrisa, con el habla de la ciudad aún resonando y con una idea clara: «¡aquí tenemos que volver!».
A pie, en bicicleta o incluso en carruaje. Cualquier forma es buena para empezar a descubrir tres de los espacios imprescindibles del Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa.
Empezad la visita en el volcán del Croscat, un volcán abierto en canal por la extracción de greda que hoy nos permite ver las entrañas de la tierra y entender el origen volcánico de esta comarca única. Continuad por la Fageda d’en Jordà, con sus caminos sombríos, la luz filtrada entre los hayedos y el suelo blando que invita a caminar en silencio. El aroma de musgo y hojarasca, junto con el canto de un petirrojo, os harán sentir parte de este bosque majestuoso. Este es un paisaje que se vive con los sentidos y con respeto. Si queréis completar la experiencia, podéis visitar La Fageda Fundació, un proyecto social pionero, arraigado al territorio y vinculado a la sostenibilidad.
Seguid hacia el volcán de Santa Margarida, con su emblemática ermita en el centro del cráter, una auténtica sorpresa paisajística. Terminad el día paseando por las calles empedradas de Santa Pau y probad alguna especialidad local o, simplemente, sentaos en una terraza a contemplar el majestuoso castillo e imaginar el murmullo de la plaza siglos atrás.
La jornada os invita a descubrir una Garrotxa más recogida, pero llena de encanto y autenticidad.
Aprovechad los primeros rayos de sol para adentraros en el camino de las ermitas del Corb. Os cautivará. La ermita de Sant Miquel, a media ladera de la sierra del Corb, situada en un pequeño claro, y la de Sant Martí del Corb, escondida entre hayedos, son auténticos tesoros de arquitectura y espiritualidad.
Si queréis entender por qué este paisaje enamora a quien lo contempla, subid al área de Xenacs, en Les Preses, un balcón natural desde donde la mirada se expande hasta abrazar volcanes, valles y cumbres pirenaicas.
Seguid hacia Sant Feliu de Pallerols, considerado el primer pueblo de veraneo de la comarca. Con un ambiente pausado y señorial, os cautivará por sus jardines floridos con hortensias, el Firal y el ritmo tranquilo de un pueblo que ha sabido conservar su esencia.
Desde aquí y hasta Les Planes d’Hostoles, podéis seguir el río Brugent, donde el agua clara fluye entre rocas y una vegetación sorprendente. Un paseo refrescante, especialmente si decidís acercaros a alguna de sus pozas.
Y si aún os queda energía, subid hasta el santuario de la Salut de Sant Feliu de Pallerols. Las vistas son impresionantes, con una panorámica única de todo el valle de Hostoles que os permitirá contemplar la belleza de esta comarca desde otra perspectiva.
Hoy preparad la mochila para una jornada intensa y llena de contrastes en la Alta Garrotxa, una de las zonas más salvajes y genuinas de la comarca. Aquí, el paisaje habla por sí solo entre riscos, gargantas profundas y caminos que exigen respeto, pero que regalan momentos de una belleza pura e indomable.
Empezad por el puente del Llierca, una majestuosa obra de piedra que cruza un río de aguas claras. Es la puerta de entrada a un mundo más agreste, donde la naturaleza se impone con fuerza. A partir de aquí, podéis continuar hacia Sadernes y seguir el camino hasta la ermita de Sant Aniol d’Aguja, un santuario escondido entre montañas y rodeado de pozas transparentes y silencio.
Ver las aguas del Gorg Blau o el salto del Brull será uno de los momentos más mágicos de vuestro viaje. No olvidaréis nunca esta Alta Garrotxa, que es naturaleza en estado puro, silencio y caminos que conectan con la esencia más salvaje del territorio.
De regreso, haced una parada en Castellfollit de la Roca, un pueblo literalmente colgado sobre una cinglera basáltica, con vistas vertiginosas y calles que parecen desafiar el paso del tiempo. Aquí cada piedra cuenta una historia y cada fotografía que hagáis será un recuerdo imborrable.
Hoy os presentamos una Garrotxa más íntima y pausada, llena de ermitas románicas que se dispersan por un territorio verde, ondulado y cargado de historia.
La Vall de Bianya os espera con una red de caminos que une pequeñas joyas arquitectónicas como Sant Martí del Clot, Sant Andreu de Porreres o Sant Miquel del Mont, siempre rodeadas de paisajes modelados por la actividad agrícola.
Para empezar el día con energía, nada mejor que un buen desayuno de cuchillo y tenedor en algún restaurante u hostal del valle, en compañía de la clientela más fiel. Os proponemos seguir un tramo de la vía Annia, el ramal de un antiguo camino romano que aún conserva tramos empedrados originales. Este recorrido os permitirá caminar entre historia y naturaleza, y entender que la Garrotxa ha sido tierra de paso y de conexiones entre pueblos desde hace siglos.
Si preferís una visita igualmente rica en patrimonio, podéis terminar el día visitando Sant Joan les Fonts. La iglesia del antiguo monasterio románico os sorprenderá por su sobriedad y, justo al lado, encontraréis uno de los mejores ejemplos de coladas basálticas visibles de la comarca. La ruta de las Tres Coladas es un paseo corto y fácil, pero cargado de geología y arquitectura natural.
El viaje llega a su fin, y lo hace con la calma y la belleza de un territorio que guarda un legado impresionante. Por la mañana, dirigíos a Besalú, uno de los conjuntos medievales mejor conservados de Cataluña. Cruzar el puente románico sobre el río Fluvià es como atravesar una puerta en el tiempo: las calles empedradas, el barrio judío, el micvé, la iglesia de Sant Pere… todo respira historia y armonía. Una villa que os emocionará, ¡os lo aseguramos!
Después, seguid la ruta hacia Maià de Montcal y Beuda, dos localidades que esconden pequeñas iglesias románicas de una belleza serena y discreta, como Sant Vicenç de Maià o Santa Maria de Palera, rodeadas de campos, bosques y quietud. Aquí la piedra aún cuenta historias de otros tiempos, solo hay que detenerse y escucharlas.
Y cuando el día llega a su fin, regaladnos una cena en un jardín, con luces colgadas entre los árboles, la brasa encendida con calma y esa mantita sobre las piernas que acompaña las conversaciones largas y sinceras. Es un momento íntimo y especial, lleno de autenticidad, como todo lo que habéis vivido estos últimos días.
En definitiva, uno de esos momentos que no se pueden forzar, solo sentir. Y que son únicamente vuestros.
Si queréis degustar la auténtica cocina con denominación de origen garrotxina, probad las recetas de la Cocina Volcánica en los restaurantes de este colectivo.
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