VOLCÁNICA VOLCÁNICA VOLCÁNICA VOLCÁNICA VOLCÁNICA VOLCÁNICA
  • Hay tierras que guardan historias bajo los pies. En la Garrotxa, la greda cruje bajo la suela cuando camináis por senderos que un día fueron lava. Este viaje a paso lento, entre volcanes dormidos y pueblos vivos, es una invitación a mirar, escuchar y dejarse sorprender por el carácter volcánico de nuestra comarca.

  • Día 1. Bienvenidos a la tierra de los volcanes

    Desde Santa Pau, la silueta suave de los volcanes dibuja ante vosotros un nuevo horizonte. Aquí empieza el descubrimiento con un recorrido que une tres espacios esenciales: el volcán de Santa Margarida, con la ermita en el corazón del cráter; el volcán del Croscat, con su gigantesca cicatriz que nos explica cómo son las entrañas de un volcán; y la Fageda d’en Jordà, con la luz filtrada entre los hayedos. A cada paso, el sonido de la greda, el olor de la humedad y el musgo, y el canto de un petirrojo nos recuerdan que este paisaje es un privilegio. Si os apetece, también podéis visitar Santa Pau o recorrer la fageda en carruaje. ¡Os sentiréis únicos!

  • Día 2. Vistas desde el cielo y piedras que hablan

    Si empezáis el día con un vuelo en globo, entenderéis por qué este territorio late con tanta fuerza. Desde el aire, la sucesión de conos volcánicos, bosques y campos dibuja un paisaje que parece pintado a mano. Si preferís mantener los pies en la tierra, dejaos llevar hasta Sant Joan les Fonts y descubrid las coladas de lava siguiendo el itinerario 16 del Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa. Aquí, la arquitectura del basalto revela un relato geológico fascinante, donde entre sombras y formas imposibles la naturaleza se ha convertido en memoria petrificada.

  • Día 3. Olot, el epicentro

    El tercer día es para saborear la ciudad de Olot. Subid suavemente hasta la cima del volcán del Montsacopa, en pleno corazón de la ciudad. Desde allí, las vistas se extienden por buena parte de la comarca. Subid a las antiguas torres de vigilancia para ver aún más lejos y adentraos en el cráter para sentir el volcán desde dentro.

    Olot invita a pasear. Entre comercios con encanto, el ambiente vivo de la Plaça Mercat y el aroma de cocas y torteles recién hechos, cada rincón tiene sabor a vida local. No puede faltar una inmersión completa en el mundo volcánico en el Espai Cràter, donde descubriréis cómo este paisaje ha ido moldeando el territorio y a sus habitantes.

    A mediodía, sentaos a la mesa y dejaos llevar por los sabores de la Cocina Volcánica: patatas de Olot, butifarra desmenuzada con judías de Santa Pau DOP, pan con tomate y queso de pastor. Por la tarde, visitad la basílica de Sant Esteve, donde se esconde una sorpresa inesperada: un original de El Greco.

    Y si queréis llevaros un pedacito de Garrotxa a casa, pasad por la Oficina de Turismo de Olot y elegid vuestro recuerdo.

     

  • Día 4. El silencio de la piedra y el verde

    La vía verde del Carrilet os llevará, casi sin daros cuenta, hasta el Parc de Pedra Tosca, en Les Preses, un espacio donde la naturaleza y la arquitectura tradicional dialogan en silencio. Entre bancales de cultivo y muros de piedra seca, descubriréis un paisaje modelado con paciencia, respeto y sabiduría campesina. Aquí, la piedra volcánica convive con la arquitectura contemporánea de los reconocidos arquitectos RCR en perfecta armonía, ofreciendo un recorrido tan sereno como inspirador.

    Por la tarde, la subida hasta el mirador de Xenacs, siguiendo las marcas amarillas de la red de senderos de Itinerànnia, os regalará vistas únicas. La luz juega sobre las formas suaves de los volcanes y, con un poco de suerte, algún pájaro os acompañará con su canto. Un momento para respirar profundamente, dejarse llenar… y empezar a imaginar los sabores que os esperan en la mesa. ¡Hacia la cena, pues, que eso también forma parte del viaje!

     

  • Día 5. Castellfollit y últimas miradas a la comarca

    El último día os lleva hasta Castellfollit de la Roca, un pueblo que parece desafiar la gravedad, suspendido sobre una impresionante cinglera de basalto. Aún dentro del Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa, este lugar es un ejemplo vivo de cómo el paisaje volcánico sigue modelando la esencia del territorio. Paseando por la calle Mayor, descubriréis rincones que se abren a vistas vertiginosas, pequeñas ventanas al paisaje que habéis recorrido estos días.

    Si lo hacéis con un guía local, aprenderéis a leer las formas del terreno, las erosiones, las capas de basalto… pequeños detalles que revelan grandes historias geológicas. Y mientras vuestros zapatos aún llevan el polvo de los caminos volcánicos, quizá os daréis cuenta de que ya no miráis la Garrotxa con los mismos ojos.

     

  • No os lo podéis perder

    • Realizar un vuelo en globo para ver la Garrotxa desde el cielo.
    • Recorrer la ruta de las Tres Coladas y el monasterio de Sant Joan les Fonts.
    • Descubrir la Garrotxa desde una cima.
    • Hacer un recorrido con burro catalán por el Parc de Pedra Tosca.
    • Disfrutar de las degustaciones y de los recuerdos de la cocina y del comercio local.
    • Visitar espacios museísticos, como el Museo de los Santos o el Museo de la Garrotxa.
    • Realizar visitas guiadas de la mano de un guía local.
    • Anticipaos y reservad el acceso a espacios naturales, visitas guiadas, espacios museísticos y de interpretación.
    • Tomar el Rumbus, el autobús que os lleva a la zona central del Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa.

    Panorámicas desde miradores naturales como el Montsacopa, el castillo de Colltort o el mirador de Xenacs. Si queréis ver cómo se mueve la Garrotxa, venid a visitarnos durante el Festival Sismògraf, en el mes de abril.

    Y sed siempre curiosos: preguntad, explorad y dejaos aconsejar en las oficinas de turismo.

     

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