La ermita de Sant Miquel de Castelló se alza en un punto elevado de la Vall d’en Bas, en un entorno espectacular marcado por riscos y amplias panorámicas. Su ubicación privilegiada la convierte en uno de los miradores más destacados de la zona.
El edificio, de origen románico, presenta una arquitectura sencilla y austera, con una sola nave y muros de piedra que se integran en el paisaje. El conjunto transmite una sensación de aislamiento y serenidad, reforzada por el entorno natural.
Sant Miquel de Castelló es un lugar que invita a la contemplación y a la conexión con el territorio. Desde aquí, la Garrotxa se despliega en toda su amplitud, ofreciendo una experiencia intensa y memorable.
